miércoles, 13 de febrero de 2013

La revancha

Era jueves y yo estaba entrenando como otro día cualquiera , pero esa vez tenia algo de diferente. Yo esperaba que nuestro entrenador nos diese una fecha y un lugar para coger el autobús que nos llevaría hacia la revancha , esa que después del ya citado partido amistoso yo , al igual que mis compañeros , deseaba con ardor. El, desgraciadamente , no pudo venir a entrenar , pero en su lugar mando a dos maravillosas personas que supieron hacer su cometido de una manera irreprochable y al final de el entrenamiento , nos citaron un domingo a eso de las siete y media de la mañana. Iríamos hasta nuestro destino en un autobús con todos los senior , esa jauría de lobos con pintas de  rudos unos y otros aparentando una extremadamente engañosa debilidad. Unos meses atrás , ni se me habría ocurrido meterme en ese autobús , pero tenia rugbydependencia , una extraña enfermedad transmitida por una toxina que va en todos los balones de rugby. Mucha gente es inmune a esta enfermedad , pero tanto yo como mis compañeros (a los cuales nombraré en próximos posts ) estábamos totalmente infectados.

   Eran las seis y media y yo me encontraba en la cama , apurando al máximo los segundos, pero mis compañeros no son tan pacientes como yo , y llevaban despiertos desde mucho antes . Yo tenia controlado el tiempo perfectamente para así apurar al máximo mis horas de sueño , sin embargo , ya había recibido varias llamadas de mis compañeros , las cuales ignoré. Debía bajar desde mi ciudad hasta una cercana con uno de los seniors para así reunirme con otra parte de mis compañeros .Luego , debíamos parar en una tercera ciudad para completar nuestro equipo y llegar a la ciudad donde jugariamos. En total unas 5 horas de viaje , pero eso no era más que una forma de llegar. Para ir al cielo primero tienes que morirte.

   Llegáis al lugar en cuestión , un campo perfecto , con unos grandes palos y un césped suave y uniforme.Entráis en el vestuario y empiezas con ese maravilloso ritual de transformación , ese en el que pasas de friki a dios de la guerra. Al ponerte esa camiseta sintes esa sensación, esa maravillosa sensación, como oler tostadas recién echas al despertar, ese éxtasis que te produce el tacto del balón , solo comparable con el de un repulsivo reptil , pero a ti no te produce nada repulsivo , todo lo contrario es como el tacto de la piel desnuda de una bella mujer , suave , a tu parecer , con seda fina. Primeras carreras y otra vez esas sensación de asfixia , tu miedo al dolor , omitido por tu camiseta con número , intenta hacer mella en ti.
Tu , incorruptible , sigues sin hacerle caso. Pero había ocurrido algo que te  despojó de la gran parte de tu valor , no jugarías de uno, ni de tres, ni de siete , serias el segundo centro , una posición desconocida para ti. El trece , ese odiado número que tantas horas te hizo pasar en el banquillo de un campo de fútbol. Tu miedo era ahora más fuerte que tú , pero un resorte interior , que era parte de la rugbydependencia , saltó en tu interior. Una vocecilla , con un todo de voz extrañamente parecido al de tu entrenador te decía: "un número es solo es , un número , tu eres mucho más fuerte que tu miedo, échale huevos y tira para delante". Justo a tiempo , al árbitro había hecho acto de presencia , te tocaba ser Kratos, dios de la guerra.

   Patean y ala , a correr. Pasas los diez minutos más confusos de tu vida , no sabes donde estas ni a donde tienes que ir. No tocas pelota en toda la primera parte y te sientes como una monja en un burdel , fuera de lugar. Tus placajes son confusos e inútiles. En el cambio de campo no puedes ni respirar , has corrido más de lo que esperabas , tu protector bucal esta cubierto de una saliva pegajosa como el loctite , y tu moral por los suelos. Pero entonces , ese resorte que te salvó del abismo con anterioridad, salta de nuevo para darte alas , te empuja a seguir con más ganas, te da un chute de energía y le echas ese par de huevos que tanto se nombra en un partido. Ahora si , sabes donde estás , porque y que es lo que tienes que hacer, coges pelotas y las juegas , con mejor o peor suerte , pero lo haces sin dudar. A diez minutos de acabar tus alas están tocados uno esta medio K.O. y el otro no puede correr , tu haces todo lo que puedes intentando cazar al rapidísimo zaguero del contrario , pero estás en modo ahorro , no te queda nada de energía. Perdéis. Otra vez .

   Te preparas de la ducha y te vistes de persona normal. Te reúnes con tus compañeros , mucho menos afectados que tu a tu parecer , para el tercer tiempo. Pero eso no es así , todos estáis dolidos. Después de un tercer tiempo en el que as comido abundante comida , os llevan a un centro comercial donde , vuelves a comer , una riquísima hamburguesa , mientras bromeas con tus antiguo y con tus nuevos amigos. Mientras lo haces te das cuenta de que has aceptado la derrota , lo que te asusta. Las derrotas se asumen , pero nunca se aceptan. Te torturas intensamente con tal de cumplir unos valores nuevos para ti , los valores del rugby. Este deporte se ha convertido en tu escuela de vida , te pone valores , te hace ser mejor , lo que te anima y te reconforta. Te sientes mejor , mucho mejor , listo para disfrutar de la tarde con tus compañeros , tu equipo , tu nueva familia , con tu entrenador como padre , y tus compañeros como hermanos. En el bus de vuelta , entre bromas y chistes , canciones y festejos te das cuenta de que no solo tus compañeros son tu familia , al ver como los seniors se preocupan por vuestro resultado. Sientes que da igual lo que paso , que siempre tendrás en ellos , tu club , un respaldo firme , un saliente donde agarrarte en la caída y que juegues donde juegues , ese siempre será tu verdadero equipo , el que llevas gravado a fuego en tu corazón , Bierzo rugby club.

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